Amores negros

Mayo 26, 2009

Adiós, amores negros. Hoy digo basta. Mañana recomienzo. Se acabaron los engaños y los intentos funestos. Esta noche me libero, fue muy duro el testeo: el vino se bebe puro, con hielo es un charco oscuro. Retomo tu búsqueda. A fondo blanco este deseo. El amor busca su cuna, escapa de su tumba. Sobria te pienso, ebria te recuerdo. La nostalgia se termina, nuestro amor corre, ya no camina. No te veo ya tan lejos, porque el tiempo nos aferra, el instinto nos acerca, y en mi alma tu reflejo. La vida nos revuelve, pero nada se acaba, todo vuelve, todo empieza, tu voz lejana regresa.

(Olivia)

¿No era aquél, tal vez, el inmortal salido del cuento de Borges? Últimamente, Olivia sentía que muchos personajes de la literatura se le iban apareciendo de carne y huesos… Mientras cruzaba el río Paraná y Corrientes se volvía postal, recordó emocionada el día en que conoció al símil de Oliveira en Buenos Aires, y el ombligo de las circunstancias había puesto su barita mágica sobre la punta de su nariz para convertirla en La Maga por un rato, entonces jugaron unos días a encontrarse cuando andaban sin buscarse…

Despegó la mejilla de la ventanilla del colectivo, tomó un lápiz y, antes de llegar a Resistencia, terminó de garabatear unos ecos pinchados que le chorreaban entre las manos…

Punto final

Mayo 26, 2009

Hubo caos de poros explotados cuando no hallaste el ombligo de las circunstancias. Rondan las ganas, rondan…

Porque el ombligo es un punto, un punto final.

Olivia quiso llorar de risa, quiso gritar de espanto. No era posible que aquél ser desgastado tuviera entre sus labios resquebrajados los versos que le faltaban, la réplica a tantas andanzas erradas…  Subió al colectivo rápidamente para no enloquecer viendo en ese hombre el reflejo de todos sus temores, todos los fracasos ocurridos y por venir, ese hombre cargaba con la miseria de la humanidad, como un monumento puesto ahí por uno de esos dioses famélicos en el páramo, un espejo de aquello que no queremos mirar. Agradeció que un dios, a pesar de esa distancia que los vuelve inalcanzables, se lo hubiera puesto en el camino para evitar verse obligada a llegar ella misma hasta ese lejano lugar, para evitar sufrir lo que él hubiera sufrido en ese viaje en picada, ya sea hacia arriba o hacia abajo, para encontrar las últimas frases que andaba buscando, “porque el ombligo es un punto, un punto final…”, y él se las había revelado.

Locos dos

Mayo 26, 2009

Hasta que Olivia oye una frase. La recoge: porque el ombligo es un punto, un punto final… Se le afloja la mandíbula y las pupilas le crecen tan repentinamente que hay venas oculares que alcanzan a chillar… Waaauuu. Aquello la animó a quedarse junto al loco un rato más, ahora sí intentando descifrar lo que decían sus palabras. Olvidó la imagen aterradora por un rato y decidió esforzarse para descubrir un atisbo de humanidad entre sus frases. Conversaron hasta que llegó el colectivo, que no fue un tiempo corto, más bien fue un tiempo de locos, y las palabras iban poniendo en la bestia algunas esquirlas dolorosas de belleza, sobre todo en su rostro.

Olivia sólo pensaba en el gesto que hizo el fatídico personaje colocando su dedo en su ombligo roñoso y descubierto a causa de los jirones de una remera que le pareció robada de un sepulcro bajo tierra. Así puso el dedo en el ombligo mientras decía “porque el ombligo es un punto, un punto final…” Olivia sintió que la poesía volvía de la muerte para dar testimonio de lo vivido. Y advirtió una especie de complicidad con el desconocido y tuvo ganas, aunque no lo hiciera, de repetir el gesto metiendo el dedo en su propio ombligo, y respondiéndole con aquellos versos que se le habían iluminado repentinamente, alguna vez que agonizaba de desamor, como una heroína de novela medieval…

Media Hora

Mayo 12, 2009

Tengo un caramelo como de media hora en el pecho, que duele, con sabor a tiempo que se deshace en la boca… Y la vida, ¿cuántas horas de regaliz? Me puedo comprar media hora, en un cyber, por ejemplo, me puedo comprar un caramelo que dure 25 minutos y que se llame Media Hora, pero el amor no se compra, doña, a no ser que dure 30 minutos. Tal vez no sea un tumor, quizás sea sólo la cristalización de este sentimiento negro, Doc.

Es que llevo tanta melancolía en un pecho tan pequeño.

(Olivia)

Infortunio

Mayo 7, 2009

plastilina29

Olivia tiene insomnio, se desespera junto al cuerpo que duerme a su lado. Lo mira. Su piel parece muerta, su olfato no funciona, él no entiende eso de las temperaturas ni de las variaciones de PH ni de las oleadas de sensaciones ni de los terremotos en los poros ni de lenguajes de miradas, no conoce la noción de ritmo ni de intensidad ni de respiraciones ni de corazones ni de pies que se acalambran ni de espaldas clitorizadas ni de ronroneos ni de lenguas suaves sobre pulpas turgentes, nada de eso. Y huele a madriguera. Olivia quiere salir corriendo, las puertas están cerradas.

Caramelos

Mayo 7, 2009

Debajo de mi armadura guardo caramelos… ¿Sabor a anetol, a oruzú o regaliz? ¡A lakrids!, dicen que dicen los escandinavos. Mmmh… Intertexto sin link, como este amor. ¿Cuándo inventarán la teletransportación? No importa, no me va a llegar.

(Olivia)

Orgasmo de ballena

Mayo 6, 2009

Del otro lado grita la ballena atrapada en la arena.

Ojos invertidos, carne expuesta, vapor de sangre. Manos temblando, dedos electrocutados, rodillas amoratadas, persianas abiertas, tobillos torcidos.

La razón en una cajita de cerillas.

Que se enciendan una a una y luego que se apaguen las neuronas.

La locura pinchada con alfileres en un cuadro junto a la cama, mariposario de torturas, leves marcas incisivas y la savia derramada.

Las lágrimas en la boca y los dientes afilados, sensibles, rajados.

Las pestañas rizadas, las huellas en la arena, cruzadas, desvariadas, borradas.

Nido de pelos arremolinados entre dos ramas. Llantos lejanos, gritos de vidrio y risas de dulce de leche.

La ballena espera el maremoto, pero mientras tanto muere.

Y Olivia dueeeeerme.