UNA RAYUELA DE PLASTILINA
(En este momento, jugando… los textos, su orden, su forma, son maleables y se van remodelando cada tanto)
Voilà
En el año 2009 una joven sueña que será abuela y presiente que la sigue una buena estrella. Mientras tanto, hay una oruga moribunda sobre el asfalto que le indica un agujero de gusano; la joven ingresa, pero antes se quita el velo. Es Maia. Chica de plastilina, un cuarto de siglo en la mirada y una sensación centenaria.
- Atravieso el umbral, dónde estarás.
(Maia)
Velo de Maia
No recuerda su nombre, le vienen varios a la memoria, sin embargo se siente una; aunque sus nombres sean demasiados quizá se llame simplemente Unah, pero no está tan segura, no sabe de dónde le viene esta intuición y se da cuenta que no le será fácil averiguarlo, ergo, toma un desvío.
Toc toc
Lamento molestarte. Pero es que mientras leo unas leyes aburridas me distraigo; es el volcán Tungurahua que se me cruza por la mente, rojo en la noche, explosivo, líquido. Y de repente tu cuerpo semidesnudo en mi cama, tu boca abierta, tu baba, tu forma de dormir tan poco bella y a la vez tan infantil y tierna. Y yo contemplándote aquél día y meta-contemplándote muchos otros días a través de los recuerdos. Tu espalda ancha y varonil, cómo me gustaba, ni me diste tiempo a que te lo dijera, no porque no lo quisiera, sino porque tenía demasiado para decirte y no, no quería aturdirte.
(La Tica)
Como el aguah
En realidad, ella es sólo unah chicah de plastilinah, unah abuelah en potenciah. Cada tanto viaja y escucha historias, luego le chorrean palabras entre los dedos; no las puede retener, es como el agua que parece ser la misma en todas partes pero en cada sitio sabe diferente. Igual que los besos.
Ojo cítrico
Mírenla, es Unah Dailleurs. Avanza torpemente cargando con un ramillete de cabezas, se sienta y apoya el ojo cítrico sabor a mandarina en el sofá antes de iniciar la conversación. La imagen me recuerda a Polifemo con la vara clavada en el ojo de cíclope. Me salpica la furia de Poseidón, su eco eterno es una ira tsunami.
No me gusta cuando callás
Que no, no me gusta cuando callás y estás como ausente, así lo embellezca Neruda o lo canten unas chicas brasileras que no lo son. Cuando callás me retraigo y callamos, y están los ángeles grises revoloteando en tu cabeza, y lo peor de todo es que los veo. No me gusta que estés como ausente. No hay mariposas que se arrullan, hay mariposas arrolladas. Y ya nos dijimos demasiadas cosas en silencio y cómo duelen. Prefiero tus labios en movimiento, todos los músculos de tu rostro sincronizándose para ametrallarme con palabras, son tan sensuales tus cejas cuando se tensan. Prefiero recibirte abierto, completo, como ráfagas de un tornado, desaforado, explosivo, un volcán en erupción, antes que verte cuando callás y estás tan ausente porque sos la melancolía en carne viva.
(La Tica)
Marizibill
Marizibill, hija de Apollinaire, caminaba por Haute-Rue cada noche en isla Formose; había sido arrojada de un burdel de Shangai. María Isabel vivía en Formosa, le debía el nombre a una virgen y a una reina, se ganaba la vida y también la muerte en cómodas cuotas, traficando drogas bajo un vestido a través del río Paraguay. Marizibill, en cambio, se lo sacaba para vender su cuerpo a un tipo con olor a ajo -¿qué le importaba a Apollinaire que fuera judío?-. María Isabel se lo ponía con parsimonia y ceremonia para que luego todo estuviera deshecho al momento de lanzarse al agua, nadar hasta la orilla y huir a gatas por un pastizal. Marizibill está agotada, ha recibido demasiados golpes esta noche y el hombre con el corazón que bate como una puerta la jala de los pelos ensangrentados hacia el pastizal. A María Isabel le han dado un disparo en la espalda. A Marizibill se le escurre la vida por unas cuantas puñaladas. Ambas se arrastran agonizantes, se buscan, se toman de las manos, se miran a los ojos de fuego mal apagado -una con agua de río, la otra con agua de mar-. Lo último que se atreven a recordar es el hocico de Cervero -el perro que nunca ladró- husmeando sus muertes.
Carta a tus molinos
Tinina, hija de María,
conocí a tu madre leyendo un relato erótico en voz alta y firme, tal vez naturalista, quizás demasiado realista, un primer día de clases en la facultad de Letras. Su osadía enseguida me arrastró a su lado entre tantas miradas perdidas buscando otras miradas de donde aferrarse para no llorar de soledad existencial. María, en cambio, miraba lejos, altanera, pisando fuerte gracias a sus grandes tetas que le daban el peso específico necesario para hacerlo. Al menos así la vi yo, que soy muchacha de tetas pequeñas, y que siempre ando recreando artilugios corpulentos en la cabeza para balancear mejor mi peso cuando me hago conciente de dónde estoy parada y me urge la necesidad de hacer peso para dejar una huella.
(Maia)
Inventurah
Borges escribió y Unah tomó notas:
“Uno de los hábitos de la mente es la invención de imaginaciones horribles. Ha inventado el Infierno, ha inventado la predestinación al Infierno, ha imaginado las ideas platónicas, la quimera, la esfinge, los anormales números transfinitos (donde la parte no es menos copiosa que el todo), las máscaras, los espejos, las óperas, la teratológica Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espectro insoluble, son articulados en un solo organismo…”
La voz en off dijo que Unah se había imaginado a sí misma y que había creado sus propios monstruos sin olvidar los que ya existían y rondaban a su alrededor. Muchos le reprocharon que sólo fuera capaz de fundar quimeras, pero Unah reincidió y expuso un rosario de quimeras y cucos.
Orgasmo de ballena
Del otro lado, grita la ballena atrapada en la arena. Ojos invertidos, carne expuesta, vapor de sangre. Manos temblando, dedos electrocutados, rodillas amoratadas, persianas abiertas, tobillos torcidos. La razón en una cajita de cerillas. Que se enciendan una a una y luego que se apaguen las neuronas. La locura pinchada con alfileres en un cuadro junto a la cama, mariposario de torturas, leves marcas incisivas y la savia derramada. Las lágrimas en la boca y los dientes afilados, sensibles, rajados. Las pestañas rizadas, las huellas en la arena, cruzadas, desvariadas, borradas. Nido de pelos arremolinados entre dos ramas. Llantos lejanos, gritos de vidrio y risas de dulce de leche. La ballena espera el maremoto, pero mientras tanto muere. Y Olivia dueeeeerme.
Colgada de unas tetas
Hija de María, tus ojos rasgados revelan el genotipo de tu sangre víctima del más grande holocausto, transportarás hasta la muerte en tu piel el color opaco de la tierra que deberás pisar cuando aprendas a caminar. Aquél día tu madre, que te llevaba colgada de un pezón enorme como una berenjena madura, envuelta en tantos trapos atados a su cuerpo como lo hubo hecho su madre y lo hubiera hecho su abuela, te trajo hasta mi casa para que te conociera, eras la sorpresa más extravagante que tuve en años. Eras una piedra filosofal, por tu culpa pensaba otra vez en el universo inconmovible. Tinina chiquitita, hija de María…
(Maia)
Amor espeleólogo
De repente, súbitamente, amor… Amor que duele un poco, como todo amor, como ningún otro… Amor al fin, por fin y desde el principio. Hay un reacomodamiento de neuronas, hormonas y sensaciones que no quieren ceder pero no pueden evitarlo. Amor fatalista que arrastra con toda posibilidad de… Amor dulce y amor triste. Amor nuevo pero viejo. Amor profundo que indaga geologías; amor espeleólogo… Y una piedra azul como un ojo ¿me mira? Amor de Lapizlázuli… Estás y no estás. Te tengo y no te tengo. Soy tuya y no lo soy. Y quiero. Amor que me transforma, esta no era yo. Amor en portales de primavera, en ventanas de chat, telefónico, telepático, oníricobesuquero. Quiero salir corriendo, correr de amor, ¡correr por amor! -Amor corrido… me corre amor-. Y como siempre, sólo quedan las malditas palabras, el resto se desvanece… Es el tiempo, la mortalidad, la fugacidad… Habrá que reconstruirlo.
(Almendra)
Yolanda
Soy Yolanda. Tengo veintidós años y estoy demasiado viva. Ayer caminaba por el pequeño centro de una ciudad de nombre ignoto para la gente de su propio país. Un hombre que vendía quinielas me dijo: “Chau, Verde”. Y me conmovió. Seguramente porque a mí me gusta vestirme de ese color y la vida de ese hombre resulta tan inocua que se dedica a observar a la gente que cruza por la calle para ponerle nombres según la impresión que le cause. O tenía un don sinestésico, no lo sé. La cuestión es que en ese instante fui verde para él. Me miré y me reconocí verde. Por fuera y también por dentro. Tengo veintidós años y estoy demasiado verde. Entonces decidí teñirme el pelo de color naranja para sentir que entre tanta verdura se abre una flor en mí, una flor naranja. Tengo veintidós años y estoy verde-naranja. Y me voy a recorrer las ciudades desconocidas de mi país. Tengo veintidós años y planeo un viaje por Yolanda. País de provincias verde-naranjas.
Brevajes
Mate con canela con té de frutas tropicales y cascaritas de naranja… la poción mágica de mi papá contra la tristeza que me produce mágicamente mi mamá cada vez que me dice: nena, no estés triste, cuando no sé qué estoy…
(Almendra)
Mamas disecadas
Mientras tanto descansa, hija de María, que ya tendrás muchos años para cansarte de vivir. Podrás refugiar tus anhelos en tus cerros, los de siete colores, para que se conserven intactos hasta el momento en que las momias congeladas deberán resucitar para que el mundo deje de ignorarlas.
Ojalá vuelva a encontrarte pequeña, miraré siglos de historia americana en tus ojos, tantas mamas disecadas y todavía estamos hambrientos… Encontrarás en mí el peso de una mirada comprensiva, pero no comprensible, verás en mi efigie la desolación, pues no encuentro las armas para defenderte, ni siquiera puedo hallar mi propia fortaleza, vivo quebradiza como un cañaveral tucumano intuyendo pesadillas dulces, creo que no entenderías que éstas sean mis angustias.
(Maia)
Astro vagabundo
Santa Cecilia, patrona de la música, cada tanto camina entre nosotros luego de haber descubierto la maravilla del mp3. Se aburrió del paraíso y empezó a robar música en Internet. Se vuelve al cielo con la tarjeta de memoria llena y luego, cuando el padre todo poderoso se distrae y se saca el disfraz de omnipotencia y se relaja en el más plácido egocentrismo, la epifanía regresa en busca de más.
La santa pirata al salir de un ciber y enchufarse en los divinos oídos el reproductor de mp3 se pregunta por qué Fausto Nilo canta que se ha fumado tantos monstruos si todos están dentro suyo, sólo debe invocarlos con un ejercicio de la mente y los tendrá desplegados ante su mirada. Ángel negro, astro vagabundo, dejá ya esa macoña por un rato. Soñá sin alicientes -claro, si te animás-. La mejor especia viene puesta, de fábrica. Benditos sean, pero no lo son.
Flor
Abrí las piernas con más ganas que nunca aquella vez y él tomó mi flor…
(Yolanda)
Un monstruo grande
Maia anota en su libreta de pensamientos amasados:
“Qué loco cuando recibís el mail de la autora del libro que reseñaste mandándote a freír mondongos porque interpretaste el texto de manera diferente a la que ella esperaba… Y eso que el currículum decía que es psicóloga ¿Nadie le dijo que es imposible que un autor ande controlando cada lectura que se hace? una vez que lo soltaste, fuiste, es un monstruo grande y pisa fuerte. Cuando publicaba mis poemas la gente creía que era lesbiana, no sé por qué, y algunas me acosaban en los baños de los bares, aunque estuviera tomando una cerveza con mi novio. Que se joda, que aprenda, que se banque los acosos de los lectores desaforados, la obra ya tiene vida propia. Lector in fabula.”
Ojalá
Ojalá, pequeña, María ya no lleve sus alas rotas de meretriz, ni haya olvidado sus textos eróticos, iracundos, transgresores, ni sus deseos de ser actriz, ni su sueño intransigente de ser cantante. Ojalá María ya no esté tan llena de gracia pero sí llena de huidas, marcada como una cebra descolocada en la llanura monótona formoseña o desubicada como un hipopótamo en los pantanales chaqueños. Y ojalá, Tinina, tus alas también sean tecnicolor, mariposa oculta entre los Andes…
(Maia)
En la ruta
A Yolanda no le interesan esas cuestiones. Yolanda abre los ojos y abre una ruta que nace entre los senos. Hay un declive ínfimo hasta el ombligo, lo recorre. Línea sutil que la divide, simetría casi perfecta, craquelada. Pinceladas impresionistas guiadas por el encuentro frontal de dos tendencias. Cruce de vellosidades. Cuerpo matemático de relieves microscópicos y sismos crecientes, rítmicos, candomberos. Los ojos ven, aunque se entrecierren, por más que se entornen. Más allá sucumbe la selva tropical. No hay mapas, hay humedad y temperaturas altas. Pero algo le revela el mejor camino de regreso: las curvas de una cadera. Toma la guitarra y vuelve a la marcha. Su fuerza también está en los ovarios. Lleva melodías en la conciencia que recién en su paso por el inconsciente se hacen bellas, porque se entornan como sus ojos y descubren nuevas formas. Faltan mil kilómetros de recuerdos. Yolanda los pisa. Yolanda los pasa. Yolanda se va. Sólo Yolanda sabe por qué viene y va.
Dejó su vida en la hamaca.
Ofidia
Maia nos cuenta que Ofidia había caminado siglos de palmares y esteros buscando a Sileno. Cada tanto volvía al pueblo; a la ciudad, sólo si necesitaba botas nuevas. Su fobia eran las serpientes, necesitaba botas de goma hasta las rodillas para enfrentar su pesadilla. En su imaginación, los senderos se le enroscaban entre las piernas. Sentía cosquillas…
Rezo por vos
Y debe ser que debajo de esta armadura duerme una siesta la certeza, le guardo caramelos por si despierta. Pesadillas reza; y rezo por vos en ese aparatito gris, Nokia mil cien. Pesadillas como de lagartos y lágrimas de yacarés.
(Almendra)
Las Turas
Ya estaba decidido, Unah pasaría a ser una más, pues se dio cuenta que para ser feliz en el mundo cruel tenía que practicar el arte de la hipocresía. Como diría Cortázar, su mentor, la única Verdad posible tiene que ser Invención, es decir todas las turas. ¿Y los presagios? Unah cree que No le será fácil cambiar algo tan profundo, primero hay que destrhuir para reconstrhuir. O simplemente huir.
Unah se desangra, ve lágrimas en el ojo sabor a mandarina, pero no se rinde. Espera el tsunami que el padre mezquina.
¿Deberá expirar para ser Otrah? ¿Otrah qué?
Ayayay, cuántos garabatos, y una sola inventurah.
Loca
Loca de verano Yolanda probó demasiados vicios al mismo tiempo. Amor, sexo, tabaco, cannabis, rutas, autostop, lecturas, escritos… Músicos.
Loca de pasiones inauguraba su cuerpo de diecisiete años. Tenía diecisiete deseos encarnados.
Loca, muy loca, sentía que el mundo transpiraba entre sus manos. Y decidió apretarlo hasta sangrar.
La villa de Tinina
Tinina se saca la nariz de plastilina y la guarda en el bolsillo, no quiere oler, todo apesta en la villa. Rasca la cabeza de perro a Caracú, su mascota bicéfala de plastilina, y en la cabeza de gato atrapa una pulga paralítica. Reflexiona observando al bichito en la palma de la mano. De repente mira fijamente a la cámara -que no es de plastilina-, y le dice a los espectadores: nosotros no somos el peligro, nosotros estamos en peligro. Y Caracú ladra y maúlla a la vez para apoyar la frase de Tinina. Del otro lado, los espectadores seguirán endurecidos.
Cosquillas
Maia tenía una teoría sobre las cosquillas, creía que Eva no había surgido de una costilla, eso era un error de escriba medio bizco. En realidad, Eva era el producto de las cosquillas de Adán, algo en el estómago parecido a una inquietud, un revoloteo. De ahí las mariposas y, por ende, Eva. Sólo otrah turah más de plastilina.
Maldicha
Una noche, Ofidia soñó que un ser invisible le robaba la virginidad, tenía quince años. Otra, soñó que parió un niño que no lloraba, y a la noche siguiente, en otra pesadilla, un hombrecito rubio seguido de una boa, sumisa a su amo como si fuera un perro, se lo había robado. En la región murmuraban que estaba loca. Algunos la ayudaban en sus búsquedas, pero, la mayoría, la temía. Por los susurros que Maia alcanzó a escuchar, decían: “está maldecida”.
- No se dice ‘maldecida’, se dice ‘maldicha’.
- Calláte, maldita.
Génesis
Todo comenzó cuando un esperma travieso de poeta atravesó el óvulo sorprendido de una profesora…
Nueve meses después, un llanto astillado rasgó el aire de la sala de partos de un pueblo cuyo nombre, inalcanzable para el imaginario de los lectores, evitaremos.
Diecisiete años después, un gritillo igual de astillado rajaba el aire de una habitación prestada. Otra membrana se quebraba para dar paso a la luz…
Se inicia la etapa de un pubis bélico en busca de lo bello de lo púdico. En el páramo del ego, Yolanda se había despojado de la virginidad.
-¡Oh, María! ¿Eres llena de Gracia?
Al cruzar el umbral
- Sí, en ese cuarto, Lobo, en esa puerta el baúl de estrellas. Fue ahí donde me enredé con tus espirales, los de belleza eterna.
(Maia)
Bailarte en los oídos
Iba soltando como cuenta gotas las frases que te dejaban mudo, inexpresivo, pensativo. Sin embargo, estoy segura de que nunca las vas a olvidar, así como yo recuerdo siempre las frases apasionadas que recibí de otros -siempre serán de otros- porque tuya sólo me llegaba esa cara muda de anonadamiento estupefacto y hasta estúpido. Pero me gustabas así, con aires de jovenzuelo un poco tonto, inexperto, ingenuo y tímido. No voy a arrepentirme de haber soltado mis ecos, porque eran tan míos y tan sinceros, y querían tanto bailarte en los oídos.
(La Tica)
Enfermera ontológica
Una flor, una cebolla, un meteoro. Mientras tanto camino por el Marché Mouffetard moviéndome con la precisión de una enfermera ontológica. Y dónde estarás esta vez… ¿Te encontraré, quizás? ¿Me reconocerás? Te veré diseñando una portada de los Beatles reeditada hasta la eternidad en el año 2086, o me verás meneando una cola pesada de jaguar en el zoológico de Buenos Aires… ¿O serás, quizá, el anillo de lapislázuli de una dama oculta como un tesoro en Afganistán? Seré acróbata alguna vez, para que lo tengas en cuenta y te vuelvas a percatar; entonces, quiero que seas mi trapecio mortal. Sé que no te perdí en la escala de eternidad, pero me hacés falta y me desgasto un poco más con cada muerte. Tu cuerpo devorado por la tierra, y tu espíritu ¿desde qué primavera me sueña? Entonces camino el mundo y te busco de nuevo, fortalecida por tu abrazo eterno de Yin Yang.
(Maia)
Mama Pacha Tropical
La Naturaleza es una mujer de tetas tropicales. Cada planta de papaya tiene senos que invitan a beber de su savia… Carnosa y jugosa nos llama al banquete, mostrando pesados sus frutos colgados con pezones que buscan tocar la tierra… La Naturaleza nos llama a esta orgía de colores y de calores, de las humedades y de las verdades más verdes, y de las sensaciones más blandas… No en vano papaya es “mamón” en mi tierra. A quien no lo creyera le invitaría a arrancar una de sus hojas, una de sus frutas, uno de sus tallos, una de sus flores, una, sólo una, usted elija… Verá la leche de la Pacha derramada. Pero no intente lo mismo con una vaca. Que leche es leche y sangre es sangre… Usted ya lo sabe.
(Tinina)
Labial
Por momentos pensaba que no querías escuchar porque esas palabras eran demasiado poderosas en tus oídos, pero a la vez querías conocerlas, sentirlas bailar. Una mezcla de curiosidad y pudor que me encantaba. Te percibía tan débil frente a mi labia, tan inseguro y fuiste tan cobarde, tan introvertido, tan callado, tan ensombrecido. A veces hasta sospecho que odiabas el contraste. Y yo con ganas de recitarte mi propia versión del Cantar de los Cantares, un verso ahora, otro más tarde y otro en una esquina esperando cruzar la calle. Me los reprimía por temor a cansarte, aunque me sobraba interés.
(La Tica)
Hojalata
- Ruido de hojalata en la cabeza.
- Tenés las chapas voladas.
Siglos de palmares
Y así, Ofidia caminó siglos de palmares hasta que halló a un anciano de nariz aguileña durmiendo sobre una boa mullida que se enroscaba para complacerlo. No supo si era Sileno, o su raptor, no le interesó averiguarlo. Ofidia acabó con su pesadilla, los mató a machetazos. Volvió al pueblo arrastrando un enorme cuero de boa, dejó de ser la loca del bebé, y se convirtió en la loca de las serpientes.
Caramelos
Debajo de mi armadura guardo caramelos… ¿Sabor a anetol, a oruzú o regaliz? ¡A lakrids!, dicen que dicen los escandinavos. Mmmh… Intertexto sin link, como este amor. ¿Cuándo inventarán la teletransportación? No importa, no me va a llegar.
(Almendra)
Diosa
Ofidia, con los años, fue endiosada por sus coterráneos, los paisanos todavía le ofrendan cabezas de serpientes o botas viejas, y le ruegan milagros de toda moral. El resto de los cuerpos de estos reptiles, se los venden a los coreanos que siempre andan rondando y mantienen limpios los santuarios -con los labios enroscados-.
Luna pérfida
Un colchón cayó al piso y voló a la terraza violando puertas. Pronto lo alcanzarían las mantas. Alas de fantasmas lo sobrevuelan. La luna supervisa perversa. Nos hipnotiza panza arriba con su epifanía. Nombramos como en una plegaria todas las veces que la habíamos evocado juntos desde las antípodas del deseo. Ignorábamos su hechizo funesto. Cuando la vimos distraerse entre las nubes llegó el primer te amo a mis oídos. Se ocultó la luna celosa, tenía tanta fuerza la frase que se escurrió un eco hasta el cielo. No nos dimos cuenta. Tamicé tu cuerpo con el mío. El mundo dio vueltas bajo las sábanas, rodamos como un palo de amasar sobre la pasta. Cuando se detuvo la ruleta te había quedado el cielo sobre la espalda. El universo entero oprimió sobre mi cuerpo, y me dejé estremecer. Tus ojos eran el universo penetrándome, y no hubo más. Se me caían los párpados de placer. Te susurré con voz quebrada: te amo, también, yo… Al abrirlos me había tragado la perplejidad y quise gritar pero no pude, me volví una estatua de sal. Tu sonrisa flotaba entre un millón de estrellas porque un millón de estrellas eran tu sonrisa. Felicidad.
Luego vendría la luna, pérfida, a cobrarse la traición. Fue demasiada ostentación.
(La Tica)
Tráfico
Ofidia traficaba ofidios, los capturaba hipnotizándolos con rituales extravagantes, luego los vendía a los coreanos. Entre sus viejas botas de goma, amontonadas en un rincón, dormía la mayoría de los reptiles que encontraba; un verdadero nudo de víboras, como el de Maupassant.
Señorita muriendo
Lo peor de todo es que la maestra no puede detener el remolino. Sin embargo, dibuja un círculo de tiza y nos pide que escribamos en los cuadernos: los vientos siempre pasarán, soberbios y bravos, pero pasarán.
Después estornuda en la pizarra con la nariz blanca, se la ve tan pálida como a una señorita d’ Avignon. Nadie le avisa que en el guardapolvo lleva menstruación. Mis compañeros susurran que la maestra delira porque se está muriendo.
(Tinina)
Quebranto
Hace unos días caminé por un campo desolado, seco, de vida deshidratada; y vi campesinos preocupados, impotentes, secos también hasta los huesos, especulando la llegada de la lluvia. Escuché la palabra “quebranto” en la voz de un hombre que parecía inquebrantable, lo decía con vocales alargadas, como de aullido apagado, como de sílaba demasiado velar para no transmitir escalofríos: “me quebrantan estos animales…” Lo decía por la falta de alimento, por el arrebato de los verdes, la calvicie de la Pachamama.
Y a su quebranto lo sentí como un eco bajo mis pies que me sacudía como escalofríos cuando caminaba sobre la hierba seca y crujiente. Constataba la muerte de algo, de mucho, cada paso que daba, a su vez, producía mayor destrucción.
(Ofidia)
Desde la trampa
Caí en la trampa, disecciono una obra de arte que me gusta y siento que es como amar alguien y hacerle el amor viendo su esqueleto como en una radiografía. Puede ser interesante, pero bello, mmh… Porque ¿viste que la vida es bella es una frase que sale de la superficie, de un primer vistazo, de un contacto imprevisto e ingenuo? Es bella así, no busques más, te pido que no escarbes en el hoyito porque salen lombrices y huesitos…
Y no le des vuelta a la mariposa que debajo de las alas sólo hay un gusano con patas, puaj.
(Maia)
Geometrías
Llevo los pasos planos hasta topar con un triángulo y caigo cuadrada; no hay cantos rodados ni ruedos cantados. Pero hay bancos en los ruedos de los vestidos de cuellos con volados de las abuelas con australes.
(Almendra)
Verba in carne
Nunca supe si te gustaba que describiera cómo era tu cara cuando tenías esos orgasmos, por esos silencios de piedra que tenías; me daba miedo intimidarte. Me sentía por primera vez completamente liberada, aunque no quería dejarte perplejo.
Fui paciente, supuse que tendría tiempo para decirte en otra ocasión algunas cosas, como que me gustaban mucho tus glúteos musculosos, bien cargados, duritos, capaces de hacerme volar con un movimiento si me tendía mirando al techo sobre tu cuerpo boca abajo. Suponía que debía intercalar, un comentario sobre lo cotidiano y luego un comentarió tabú, y otra vez hablar de cualquier cosa que sirviera de excusa para permitirme soltar más adelante otra frase que te quedara haciendo ecos en la mente.
Confesiones sobre tus labios carnosos que no podía dejar de mordisquear, y tu semen recorriéndome suavemente. Eras tan compatible con mi cuerpo, pero te quedabas en silencio y mirabas extrañado el techo. Tal vez no estabas preparado para el amor verba in carne, ni para darlo ni para recibirlo. Me daba cuenta, pero esperaba ablandarte poco a poco sin forzar lo espontáneo, ni pedirte algo a cambio.
(La Tica)
Apocalipsis ya
Libretita de pensamientos dislocados:
“Tanta peste me recuerda a Casa Tomada y a El Eternauta: dengue, fiebre amarilla, fiebre porcina, ¿no será terrorismo bacteriológico, virósico, químico? ¿Por qué aparece todo junto? Vi langostas enormes como esas que invadieron Egipto, y no sé que significan todos estos grillos invadiendo mis rincones ¿O es acaso un fenómeno cíclico que va a disminuir la población como en la edad media? ¿una nueva Peste Negra? Seguro que la culpa la tienen los extraterrestres.”
(Maia)
Media Hora
Tengo un caramelo como de media hora en el pecho, que duele, con sabor a tiempo que se deshace en la boca… Y la vida, ¿cuántas horas de regaliz? Me puedo comprar media hora, en un cyber, por ejemplo, me puedo comprar un caramelo que dure 25 minutos y que se llame Media Hora, pero el amor no se compra, doña, a no ser que dure 30 minutos. Tal vez no sea un tumor, quizás sea sólo la cristalización de este sentimiento negro, Doc.
Es que llevo tanta melancolía en un pecho tan pequeño.
(Almendra)
Final de novela
Y así, Angélica tipeó el final de su última carta de amor: “Porque prefiero comerte la boca, las piernas, los brazos, querido, antes de que sigas devorándome el alma cuando mirás a otras mujeres con ganas de saborearlas a besos. Un poco de sal y cardamomo para tapar el gusto amargo de tu ausencia, un vino tinto y pétalos de rosa de tu funeral para adornar la mesa. Esta será, sin dudas, mi mejor receta.”
(Maia)
Bodoquito
Me identifiqué con la naturaleza, su terrible sequía era la misma que me estaba quebrantando, porque me crujían los huesos y faltaba sacudir las nubes de mis pensamientos para hacer llover las lágrimas apretujadas, contenidas, forzadas, sólo para prolongar la expansión de la sequía, y eludir el regreso valiente de los verdes.
La palabra ‘quebranto’ me sumergió en mí misma cuando todo era inmenso alrededor. Cerré el espiral, acorté la mirada, me hice un bodoquito de barro y costillas, sólo faltaba la gomera, la honda monumental para dejarme lanzar pasivamente hasta el ojo de algún cíclope, y luego ni me hubiera enterado del suceso por tener barro en la mirada, y ni hubiera sentido el golpe por el dolor de costillas que me había provocado y, finalmente, hubiera acabado perdida en el olvido, como cualquier bodoquito de esas historias increíbles.
(Ofidia)
La sangre de Gea
Quería que recibieras toda esa luz que yo era capaz de ponerte encima, por más que te vieras mediocre o te sintieras un pobre diablo, pero te quedabas perplejo, era demasiado para vos. Y sin embargo, pensé que tendría tiempo de transmitirte cuánto me gustaban todas esas imágenes que hoy se me cruzan por la mente, el gesto de tus cejas, tu tono de voz tan característico para decir tal o cuál, pensé que también tendría tiempo para volver con vos al Tungurahua, llevarte a sentir el temblor, oír la explosión, ver la sangre de Gea.
Porque yo iba a ser tu pluma, ¿te acordás?, iba a llevarte a donde quisieras, y vos ibas a sostenerme para que yo no me perdiera en el aire, íbamos a formar un buen equipo con tiempo para desarrollar todas las jugadas posibles hasta la vejez. Por eso racionaba mis intromisiones, porque creía que todo el tiempo restante iba a ser nuestro. No hice mal en creer, pero me equivoqué. Dijiste que fue por mi falta de interés.
(La Tica)
Conexión
Maia toma las fotos, las pone boca abajo, no las piensa mirar, las conoce, las imágenes en su mente son más fieles, no en píxeles, sino en sensaciones. Cierra los ojos, las abraza y sabe, está segura, que en ese momento el chico de plastilina las mira también, copias diseminadas en su habitación; él sí analizando píxeles de resolución, pensando en la complejidad del átomo, fumando en la hamaca paraguaya que se bambolea sobre un colchón en el suelo -una opción para momentos de mayor vuelo-. Ella lo sabe, porque hay una conexión, y él no tiene dudas sobre eso.
Fantástica piel
Tuve suerte, unos niños me desenrollaron de mi retraimiento antropocentrista, me mostraron cómo a falta de verde los animales buscaban alimentos sustitutos, semillas duras y secas, amargas; las mastiqué un poco, horribles y ásperas, pero llenas de proteínas, y sentí vergüenza. A los niños deshidratados hasta los huesos les convidé mis frutas compradas en la ciudad, traídas de invernaderos, genéticamente procesadas, jugosas y deliciosas a pesar de todo, que fueron como una lluvia de dulzura en sus miradas, y no se las comieron todas, guardaron un poco, seguramente para compartirlas o racionarlas. Y callados observaban todo alrededor, no eran bodoquitos de costillas rotas, estaban abiertos a aprender de la naturaleza, y a convivir con ella; me mostraron deícticamente, con uñitas terrosas, un par de maravillas. Para qué profundizar tanto, si todo estaba ahí, multiplicable hasta el infinito, pero para qué el infinito, si acá están nuestras finitudes, bien delimitadas por metros cuadrados de piel… Fantástica piel.
(Ofidia)
Almendra
Almendra es otrah, le gusta la feminidad y los instintos prevalecen. Pachamama chiquitita, granito de arena, ovarios de hierro, pechos pequeños. Su dureza es por la lucha diaria contra la melancolía. Esta es su armaturah de chocolate con cascaritas de naranjas. Ayayay, deliciosa Almendra… Crocante, y al final se deshace.
La calvicie de la Pachamama
Para todas mis preguntas sobre el entorno esos niños tenían alguna posible respuesta, porque tampoco se mostraban tan soberbios como para creer que eran dueños de la verdad, ni eran arrogantes como yo para andar diciéndole a la gente que se podrían encontrar inmersos en una historia donde hubiera algún cíclope. Ellos son como los animales sedientos, como el pastito seco, como la peladura en la tierra, como la tierra que protege semillas, como la proteína de esos frutos amargos, como esas lenguas que vi lamiendo la tierra buscando minerales; como la lluvia que a veces no llega, que otras nos excede, que a veces nos da igual.
(Ofidia)
Caballo o jinete
Querías volar, por eso dijiste que me buscaste, pero ¿no te animaste?. Tampoco quisiste escuchar ni pronunciar tu maravilla, ni sentir la luz; creíste, y me comvenciste, a mí que tan descreída y desilusionada estaba, pero ¿tuviste miedo?; habías decidido sacar a relucir lo más profundo de tu alma, dijiste que la mejor prueba era que te jugarías por nuestro amor -sí, con esas palabras cursis lo habías dicho-, a pesar de las dificultades y el tiempo, ibas a jugarte por algo por primera vez en tu vida, fue como una apuesta -no sé si yo jugaba de caballo o de jinete- pero no pudiste seguir mirando la carrera, te seguiste sintiendo un ser oscuro, mediocre, y creo que en el fondo lo sos por haber despertado tanta, tanta maravilla en mí y luego haberla rechazado. ¿Hiciste trampas en el juego que vos mismo creaste?
(La Tica)
Otra catedral, no
Huye, mujer, cada vez que lo requieras, no hay otra libertad, Tinina. Hija de María, la salvación es utópica. Huye para distraer tus sentimientos, huye para renovar tus pensamientos, no dejes que te obliguen a estancarte, no te conviertas en otro monolito de senos garrafales, no seas otra catedral, sé efímera para escapar con el viento cuando la tristeza te invada…
Miedos
Empecé a hincar más la mirada, todo es inmensurable, la felicidad, las penas, el mundo, los recuerdos, la elasticidad de la piel y sus sensaciones, la imposibilidad de llegar al fondo de alguien, de algo, de uno mismo… por eso nos metemos en el caparazón, porque tenemos miedo, pero no sé si es mejor tenerle miedo al mundo que está afuera o tener miedo de nosotros mismos. No sé si se puede elegir, sólo puedo ver una diferencia, pero son como partes inseparable, como la cabeza del sexo. No sé si el miedo se toma un descanso desde el momento en que se manifiesta con ese primer llanto cuando sacamos el olfato del líquido amniótico.
(Ofidia)
Dos bicis frente a un motel
Almendra mira el tic tac. Falta poco -tic tac-. Se le acelera el pulso -tiquitaca tiquitaca- pero el reloj sigue haciendo tic tac. Hasta que ¡Tac! Es la hora y su amigo Tunita con su riiiing la emociona. Qué paciente espera Tunita mientras Almendra se despide de sus compañeros de trabajo que le hacen burlas sospechando lo que se viene. Almendra no les da bola, le da un beso en la mejilla y pedalea con una sonrisa de tiquitaca-tiquitaca en el tambor de su pecho. Al lado viene Tunita feliz, risueño y acelerado como siempre. Le cuenta una historia distinta en cada esquina porque Tunita siempre anda flasheando por la ciudad con su cámara y su rodado de plastilina. Desde que vio a Almendra leyendo un libro en lugar de repartir folletos en la terminal, Tunita decidió mostrarle su mundo. Almendra sabía que sólo tenía que pedalear y pedalear y Tunita le iría llevando por senderos fabulosos, prohibidos, ocultos, salvajes. A veces Almendra se cansaba de pedalear pero hacía un esfuerzo por pura curiosidad. Atan las bicis en un arbolito frente a un motel sin cartel. Cada uno pone cinco pesos en el mostrador y por una hora tendrán otra aventura de niños exploradores. Tic tac tic tac tic tac… Almendra se quiere quedar chorreando sensaciones en la cama, Tunita ya está listo para partir y seguir, ella se tapa los oídos para no escuchar lo que ya sabe que va a decir, hasta que la dueña golpea la puerta con voz de generala. Almendra todavía está taaaaaac taaaaaaac y el tiempo de Tunita sigue siendo tiquitaca-tiquitaca y se levanta de un salto, la ayuda arreglarse y -taaaac taaaac- la arrastra hasta las bicicletas. Del otro lado de la puerta hay una familia entera mirando una telenovela, Almendra se sonroja, Tunita abre la boca ante la postal asombrosa. Segundo capítulo de la tarde: seguir buscando aventuras. Cruzar dos puentes, subir el cerro, etrar a un zoológico de propiedad privada, ver tragar piedras a los zuris hasta que alguien se acerca y huyen, tirarse a planear la próxima salida en un campo con vacas de plastilina mirando el cielo bocarriba en una sombra perforada. Al final del día, siempre siempre, comerán buñuelos con miel en bolsitas de plástico en el puestito de la misma señora gorda de la última vez. Almendra ve que Tunita los devora y teme que toda esa energía calórica tome vida tan pronto. Llega el fin, Tunita cada tanto deja esta frase flotando en un aire de plastilina en la despedida: No te olvides Almendra, la amistad entre elhombre y lahmujer… tic tic, igual Almendra con Tunita siempre se siente bien.
Ciclo
Ovulo sueños, luego los desecho. Sangran, duelen, me pone triste la pérdida. Ese vacío a veces desea llenarse de otras cosas mientras se descarga. Enfermera ontológica, dame un té de sensaciones reconfortantes, como lo haría mi abuela. Tengo tristes los ovarios.
(Almendra)
Argé
El miedo nos hace humanos. Y el miedo hace al mundo que nos rodea que sea como es. -He aquí otro “argé” para los presocráticos. Aunque ellos vivían con todos esos héroes predicadores del valor que hoy no existen. Creían en tantos dioses, dioses verosímiles semejantes a nosotros, de plastilina. Hoy tenemos varios monoteísmos, todas versiones de uno solo, abstracto, inalcanzable, un bodocazo de plastilina donde se mezclaron todos los colores. Nos cuesta creer. Tal vez sí hay fe pero por miedo, por cobardía, no la reconocemos ni la mostramos. Ellos, los bodocazos, tampoco se muestran tanto. También andarán acobardados, incrédulos, acorazados. O capaz que nada que ver, capaz que antes era la misma peladura metafísica en Gea y en el Olimpo, me creo todo lo que leo y sólo alucino posibilidades entre las inmensurables.- Pensamientos que son puras patrañas. No me den bolas, ya se los advertí, soy un bodoquito de costillas rotas.
(Ofidia)
Inocencia
Con sangre es que se cura la inocencia, enfermerita ontológica…
(Maia)
Disfraz de Endorsain
Te me desprendiste muy rápido y aún no puedo sacarme lo rojo que se pegó como una mancha en mi pecho verde de plastilina. No es sangre, es amor. No te culpo, sólo te falta remodelar esos pensamientos, amasar tu cabeza, dividirla entre las malas y buenas, cubrir tu corazón con viboritas de colores y liberarte del disfraz de Endorsain. Por qué construiste ese personaje horrible. Sé que debajo del caparazón oscuro hay un cuerpo blandito lleno de sensaciones ¿Te acordás cuando te contagié arco iris en la espalda? Pero te ponés esa envoltura agresiva y triste, lánguida, ausente. Te olvidás de nuestro reino de plastilina con tótems en las entradas, con ríos y montañas verdes. Cómo duele. No puedo. Me dejás al costado con todas estas cabezas de plastilina que discuten noches enteras qué hacer con tanto dolor. Todas te quieren pero no te entienden. Al unísono me gritan que te deje, no nos gusta Endorsain, es odioso, nos lastima cruelmente. Perdimos varios dientes.
Arrancate el disfraz de angustias irresolubles, es sólo de plastilina. Nadie puede hacerlo por vos, cada uno se salva solo. Porque sí, es verdad, solos estamos acá adentro. Yo estoy afuera con mis adentros y acá me quedo. Aunque a veces quisiera penetrarte para destrozar con todas mis garras y bocas a Endorsain desde el fondo, comerme sus tripas, arrancarle los ojos y verlo desangrarse hasta la última gota, y liberarte. Pero no puedo, porque sólo soy una chica de plastilina a la que dejaste al lado del camino; sí, soy esa cosa triste, sin forma, llena de palitos en la banquina.
(La Tica)
Hipocreturah
Maia contempla a Almendra moldear actitudes de plastilina en su interior, no se convence del todo. En su cuaderno de notas escribe: la Hipocreturah es el arte de adaptación al mundo cruel, es una armadura -¿o armaturah?-. Y ya es hora de empezar a desplegarla.
Capas
Almendra caminaba entre la gente sintiendo haber recobrado el milagro. Le quedaba sólo una capa semi transparente. Una a una se le habían diluido en un par de horas, casi todas. Todavía vestía la última. Antes de enfrentar la batahola se puso todos los colores al mismo tiempo, era una cuestión de actitud. Probó violeta y rojo. No, cara pálida. Un poco de rubor: ojos tristes. Bufanda verde sobre violeta y fondo rojo. Ojeras. Recordó la prenda mágica que había traído de una travesía tortuosa a lo marcopolo desde la latitud cero, el centro del mundo, o al menos uno de sus vértices. La buscó en el cajón de las ropas que abrazan cálidamente. No estaba. Debajo de la cama. Tampoco, pero sí otras cosas perdidas. Se había fugado al cajón de la ropa ligera. Ahí estaba. Ya era tarde, pero había que encontrar los colores que le devolvieran el alma. Se calzó de una vez amarillos, verdes, naranjas, rojos y azules. Su rostro embelleció, recuperó la luz. Llegó muy tarde pero su entrada fue impactante, colores hipnóticos los tenían a todos atrapados. Estaban hechizados, abrían la boca y sólo les salía colores que se reflejaban en sus pupilas. Hasta que cada uno volvió a lo suyo. La consigna era jugar, la respuesta fue delirar. De repente vio muertos en sus cajones gritando “¡estoy aburrido!”, todos estallaron; mientras, una mirada tímida y esquiva le sacaba la primera capa por la derecha, al fondo. Convirtió al mundo en una piñata, los metió a todos adentro hasta que alguien la pinchó, quedaron encantados. La mirada más fogosa la tenía enfrente y estaba inquieta, cambiaba de punto de vista a cada rato, la ruborizaba. Cayeron cinco capas. Estaba segura que ésa era la mirada que enviaba la hoguera más intensa, apostaba que sería la quemadura más profunda. Pero no podía sostenerla, quemaba demasiado, escupía fuego, casi ahogaba. Sólo tenía que pronunciar la maravilla y la maravilla se representaba. Sin embargo, la mirada más interesante era la de la izquierda, la prohibida. La esquivaba pero seguía ahí, clavada en sus colores, disimulaba, pero cada vez menos y el milagro de los colores galopaba. Ya casi no quedaban capas.
Almendra salió despojada, renovada, plena, fútil, ligera, casi transparente. Miraba su sombra que iba al frente y sentía que danzaba, caminaba feliz, con swing, su propia sombra alegre la guiaba. Recordó las horas que habían cultivado esas ojeras y un leve dolor de nuca la obligó a ladear la cabeza. Gracias a esa vuelta descubrió, lejanos, desahuciados, atrapándola en la mira, unos ojos que alguna vez fueron suyos. Suyos por un rato en noches empalagadas de chocolatitos blancos. Se le congeló encima por un segundo la mirada que estaba etiquetada con un cartel que pedía un abrazo cálido, igual que la primera vez. Ojos de chocolatito blanco se quedaron vibrando en tecnicolor, sólo un segundo. De repente, como avergonzados al ser descubiertos, los ojos cruzaron la calle y se fueron en sentido opuesto. Chocolatito no podría superar jamás el rencor por haber compartido el bocado.
La última capa cayó. Almendra se sintió desnuda y el frío le recordó el cansancio, la lejanía del refugio. Necesitó las capas perdidas en el camino. El viento la empujó a huir despavorida. Ya no danzaba, se escabullía, desnuda entre las sombras, intentando que nadie más la mirara. Escondió los colores.
Encrucijada
- Unah, ¿me querés o no me querés?
- Ningunah de las dos cosas, sino todo lo contrarioh.
De plastilina
No, no sos una masa que se degrada, no lo serías si no lo quisieras, como verás, yo soy la chica de plastilina, no me degrado, sólo me transformo, opacándome un poco más cada vez, pero igual te quiero, ¿sabés?, te quiero y no te voy a olvidar porque es un privilegio haber querido tanto a alguien como te quise y te quiero, no cualquiera te da la oportunidad de sentir esas cosas, y yo las sentí demasiado, tanto como para tatuarme tus lunas en cada tobillo de plastilina. No puedo pensar en otra cosa, sólo pienso en todas esas lunas que te quiero. Y lo repito y lo repito, te quiero, te quiero. Más allá de este cielo.
(La Tica)
Pelate esta mandarina
Una mandarina se pela ensartando -con potencia de cohete- el dedo índice en el polo norte de la fruta, donde, generalmente, flamea la última hoja sostenida por un cabo verde. La única desventaja de este método -casi salvaje- es que el dedo quedará teñido levemente de color naranja por un buen rato, como si usted hubiera tomado jugo de zanahorias -en ayunas- durante todo un año. La única diferencia con el método de las zanahorias matutinas, es que, por tratarse de una mandarina, el dedo índice, una vez asomado a uno de los orificios nasales de su portador, olerá –indefectiblemente- a mandarinas, siempre y cuando el portador no haya introducido demasiado el dedo en la cavidad nasal, ya que esto perturbaría -por saturación- a las funciones habituales del olfato, el cual se conecta directamente con el cerebro -cuando éste está presente-, y, como si fuera poco, se corre el riesgo de sufrir un estornudo. La confusión que un cerebro -si existe-, puede producir entre las sensaciones que estimula un estornudo, frente a las que son propias de un orgasmo, han sido científicamente estudiadas; mas, no podemos garantizar la presencia de un cerebro entorno a dichas experimentaciones.
(Unah)
Antihéroes
De lo que sí estoy segura es que somos unos cagones cobardes, la mayoría de las veces. El valor es un tesoro que se va gastando a medida que envejecemos, porque eso no es crecer, eso es hacerse más pequeño ante lo inmensurable. Cada vez que fui feliz, fui valiente. No creo que sea pura coincidencia, fui feliz porque tuve el valor de serlo. Y después sufrí muchas veces, porque nunca faltan los momentos cobardes; la cobardía propia y ajena, o ambas. Pero no me enojo por eso, no tengo rencor, tal vez soy demasiado cobarde para sentir bronca ante lo que pudo ser y no fue. Perdón que les hable barbaridades, es que tengo la cara aplastada contra el piso y se me borra el rostro, los ojos, la nariz, la boca, la sonrisa, todo quedó hecho una masa lisa llena de piedritas.
Cuando algo se repite tantas veces uno sólo puede pensar que el disco está rayado, y tiene ganas de escuchar nuevas melodías, o sólo disfrutar del silencio. Dame tu milagro, Santa Cecilia.
(Ofidia)
Adiós amores negros
Adiós, amores negros. Hoy digo basta. Mañana recomienzo. Se acabaron los engaños y los intentos funestos. Esta noche me libero, fue muy duro el testeo: el vino se bebe puro, con hielo es un charco oscuro. Retomo tu búsqueda. A fondo blanco este deseo. El amor busca su cuna, escapa de su tumba. Sobria te pienso, ebria te recuerdo. La nostalgia se termina, nuestro amor corre, ya no camina. No te veo ya tan lejos, porque el tiempo nos aferra, el instinto nos acerca, y en mi alma tu reflejo. La vida nos revuelve, pero nada se acaba, todo vuelve, todo empieza, tu voz lejana regresa.
(Olivia)
Fifí dudaísta
¿Usted siempre fue una señorita tan Fi-fí?
Y no, depende…
¡Y, de qué depende!
Del sistema gsm, del pico de la veleta, del último pelo de la mujer calva, ¿de la pizza con anchoas o calabresa? De las aceitunas que fermentan en la heladera. Y en el malecón camino en zancos. Nunca me pongo tacos. A mi me espera Godot. En strapless se me escapan las tetas, porque son pequeñas. Con lentes, ¡qué bicho feúcho!, me agacho y se me caen. Entonces solamente me sirven para leer el cielo. En la nariz los engancho ¿Se bajan los monos del cielo?, ¡oh, caelum!
¿Fifí? ji, ji, jí. No, no es que sea Fifí, pero los besos, don, por ser usté, mejor se los debo.
(Unah)
Pequeña y nocturna
Pequeña música nocturna, te envuelve. Corre con zapatos de tacón por tu nuca, te estremece… Tiene cinco patas que bailan en tu ombligo, y cuando llega a tus oídos te susurra mundos perdidos…
(Santa Cecilia)
Sorpresa
Sé que caminás por las calles de tu ciudad gris y fría moqueando tu alergia eterna y recordás lo hermoso que fue. Como me pasa a mi todo el tiempo en esta ciudad caliente que a cada rato me ataca con tus imágenes, tus gestos, tus voces, tus movimientos. Y sonrío, y a veces dejo caer una lágrima. No hay nostalgia triste. Hay felicidad. Me complace tanto tenerte al menos en mis recuerdos, haberte conocido, reconocido y reencontrado para amarte y haberte creído mío para siempre y haberme sentido tuya incondicionalmente. Aunque todo fuera un engaño, una ilusión. Ha sido un privilegio descubrir que todavía era capaz de amar tanto, a pesar de mi incredulidad previa. Estoy asombrada. La vida te da sorpresas.
(La Tica)
Desafío
Maia me preguntó: ¿Te atreverías a pensar en lo que estoy pensando? Pienso en esas cosas que nunca pensarán en mí…
(Almendra)
Otros autonautas
El mapa de la cosmopista hoy marca el recorrido de una piel a la otra; geografías enmarañadas. Los autonautas cruzan en el biplano construido por él, por lo tanto, sólo el autonauta conoce sus cualidades. Yolanda ni las imagina, se deja llevar, lo desea; y ve cómo las siluetas del mundo se van abstrayendo, y reconfirma que una presencia acarrea ausencias, y viceversa. Arriba, la vista es deliciosa: constelaciones de lunares y poros que redefinen sus órbitas; turbulencias; besos que pasan volando; caricias en paracaídas; lluvias y granizos de sensaciones… Cada tanto un “te-mó” alado -que no es lo mismo que un “temo”, éstos suelen acarrear nubarrones, tormentas, cielos grises, dinosaurios carnívoros voladores, Cerveros sin ladridos de cuellos de jirafa, pieles frías que se vuelven diáfanas…-
Bichito sediento
Descubrí la arrogancia de pretender sentirme el centro de algo, cuando en realidad sólo soy otro pastito seco que cruje, un bichito sediento en la maleza, otra semilla que espera una lluvia, una niña con la boca seca en el pajonal sepia. Pretender sentirme el centro de algo se parece más a la estupidez que a la valentía. A veces no soy capaz de salir de mi estupidez, soy humana, temo como todos, y me vuelvo hacia mi centro.
La naturaleza también pasa malos ratos, como yo, porque soy sólo un pedacito de algo que a su vez es el pedazo de otra cosa, pero los esfuerzos que hace la doña para subsistir, para aguantar y no morir de quebranto, para latir aunque se quiebre, aunque le pisen los pastos, aunque le caminen encima; el trabajo que hay que hacer para suspender el dolor y recuperar de la memoria la esperanza de que el agua en algún momento llega para luego volver a explotar en retoños de verdes y flores y después nuevas sequías y nuevos quebrantos y nuevas lluvias y otra vez los verdes…
Hoy no me siento de plastilina.
(Ofidia)
Polifonía
Es verdad, eso que no puede decirse es mejor callar, porque… ya saben, Wittgenstein y la escalera.
Quizás, esto lo estoy contando mañana, yo también, querido Parker.
(Maia)
Gea
La Pachamama es valiente, pelea, aguanta, cree, se anima, tiene fe, porque hay demasiadas cosas que no dependen de uno mismo, creer en algo también es tener valor, porque sostener una creencia también es una pelea. Si bien a Gea se le mueren algunos pedazos, porque hace esfuerzos inmensurables para no dejarse vencer, en su memoria genética hay algo que le recuerda que el verde existió, y que puede volver. Qué grande esta alfombra de vida, qué maravillosa, y yo un parásito que le chasquea el lomo con mis pasos que intentan no ser de huida.
(Ofidia)
Loco
Olivia oye distante al loco que le habla, uno que vino y se sentó a su lado, un tipo con olor a carne muerta, un descarriado que viene con el alma aullando miserias; su alma está prendida con un chicle rosado y viejo a uno de sus zapatos, la pisa insistentemente, incluso cuando no camina hace presión con sus pies de piel y huesos porque sólo así la siente; un alma gritando bajo ese zapato; zapato que alguna vez fue marrón, que en otra vida fue mamífero, zapato que en esta vida es espanto y se abre en una carcajada de agonía endiablada; y el loco habla y Olivia sólo escucha los quejidos silenciosos que esa imagen le transmite. Duele verlo, duele en los oídos, duele en los ojos, duele en las manos que se esconden para no tocarlo, duele en el olfato que se descompone cuando una brisa le renueva, con más fuerzas, los indicios de que ese ser está en estado avanzado de putrefacción.
Desde adentro
Día bisagra. Renovando sensaciones. Redecorando interiores. Ya se llevaron las cortinas rotas, ya saqué el empapelado chillón. Me parece que esto va a quedar más naranja que verde…
(Yolanda)
Locos dos
Hasta que Olivia oye una frase. La recoge: porque el ombligo es un punto, un punto final… Se le afloja la mandíbula y las pupilas le crecen tan repentinamente que hay venas oculares que alcanzan a chillar… Waaauuu. Aquello la animó a quedarse junto al loco un rato más, ahora sí intentando descifrar lo que decían sus palabras. Olvidó la imagen aterradora por un rato y decidió esforzarse para descubrir un atisbo de humanidad entre sus frases. Conversaron hasta que llegó el colectivo, que no fue un tiempo corto, más bien fue un tiempo de locos, y las palabras iban poniendo en la bestia algunas esquirlas dolorosas de belleza, sobre todo en su rostro.
Olivia sólo pensaba en el gesto que hizo el fatídico personaje colocando su dedo en su ombligo roñoso y descubierto a causa de los jirones de una remera que le pareció robada de un sepulcro bajo tierra. Así puso el dedo en el ombligo mientras decía “porque el ombligo es un punto, un punto final…” Olivia sintió que la poesía volvía de la muerte para dar testimonio de lo vivido. Y advirtió una especie de complicidad con el desconocido y tuvo ganas, aunque no lo hiciera, de repetir el gesto metiendo el dedo en su propio ombligo, y respondiéndole con aquellos versos que se le habían iluminado repentinamente, alguna vez que agonizaba de desamor, como una heroína de novela medieval…
Para no perder el gusto…
Los “te-mó” son como rayos de sol atravesando collares de nubes hasta el mar. En el mar nadan nuestros deseos, son seres de todas las formas y colores posibles, y las posibilidades son infinitas, el límite lo tiene el método paranóico crítico de Dalí. Y hacia allá vamos, con un lóbulo de oreja en la boca de cada uno, para no perder el gusto…
(Yolanda)
Ya no yo
Te voy a querer siempre, hombrecito de sonrisa pinchada, si bien amé fuertemente a varios hombres, a ninguno así, con esa ternura complaciente ni esa apertura expresiva. Alguno de los anteriores sé que hubieran querido estar en tu lugar, porque con ellos me parecía a vos, hermética. Sospecho que nadie va a quererte tanto, porque cuando debería odiarte te quiero más y más, cuando debería enojarme siento que te perdono y cuando deambulo pienso que deseo que te pase lo mejor, que te enamores de otra, que tengas esos hijos que me pediste, que seas feliz y que puedas expresarte sin dar tantas vueltas la próxima vez, que ya no será la mía.
(La Tica)
Punto Final
Hubo caos de poros explotados cuando no hallaste el ombligo de las circunstancias. Rondan las ganas, rondan…
Porque el ombligo es un punto, un punto final.
Olivia quiso llorar de risa, quiso gritar de espanto. No era posible que aquél ser desgastado tuviera entre sus labios resquebrajados los versos que le faltaban, la réplica a tantas andanzas erradas… Subió al colectivo rápidamente para no enloquecer viendo en ese hombre el reflejo de todos sus temores, todos los fracasos ocurridos y por venir, ese hombre cargaba con la miseria de la humanidad, como un monumento puesto ahí por uno de esos dioses famélicos en el páramo, un espejo de aquello que no queremos mirar. Agradeció que un dios, a pesar de esa distancia que los vuelve inalcanzables, se lo hubiera puesto en el camino para evitar verse obligada a llegar ella misma hasta ese lejano lugar, para evitar sufrir lo que él hubiera sufrido en ese viaje en picada, ya sea hacia arriba o hacia abajo, para encontrar las últimas frases que andaba buscando, “porque el ombligo es un punto, un punto final…”, y él se las había revelado.
Posdata
Y te mando un abrazo infinito, circular, laberíntico, de final abierto.
Y perdón, pero no me canso de decírtelo: ¡cuánto te quiero!, muchachito de cabeza de chorlito y pecho de piedra… El corazón se te escapó por las manos cuando golpeabas la piel del tambor, se hizo canción, voló, me dejó.
(La Tica)
Amanece un verano
Sin embargo, debería decir que estoy espléndida, porque todo está saliendo bien, excepto por esta cosita, esta manchita roja en el labio, esta picazón que crece y me oscurece… Saudade, i miss you, te extraño, Extraño amor de verano.
(Almendra)
Pedido de exorcismo
Está en mi té, en mi bizcocho, en mi calle, en mis platos sucios, en las hojas de mis libros, en la cebolla que pelo, en los huevos que rompo, en la ropa que me saco, en la que me pongo, en la lluvia, en la ventana, en la música que oigo, en la brisa, en mis sueños, en el interior de mis párpados… Donde miro lo veo… ¡Zape, cuco, zape!
(La Tica)
Llovió espirales
Y llovió, poquito pero llovió, no creo que alcance para tapar estos peladares ni para sacar flores del desierto, pero nunca fue más reconfortante recibir una ráfaga de esperanza húmeda. Y llovió. Y también lloré, y agradecí y perdoné. Qué culpa tiene él de que la vida lo tenga en espirales que se le cierran. No hay culpables. Sólo espirales.
(Ofidia)
Inspiración, exhalación
¿No era aquél, tal vez, el inmortal salido del cuento de Borges? Últimamente, Olivia sentía que muchos personajes de la literatura se le iban apareciendo de carne y huesos… Mientras cruzaba el río Paraná y Corrientes se volvía postal, recordó emocionada el día en que conoció a el símil de Oliveira en Buenos Aires, y el ombligo de las circunstancias había puesto su barita mágica sobre la punta de su nariz para convertirla en La Maga por un rato, entonces jugaron unos días a encontrarse cuando andaban sin buscarse…
Despegó la mejilla de la ventanilla del colectivo, tomó un lápiz y, antes de llegar a Resistencia, terminó de garabatear unos ecos pinchados que le chorreaban entre las manos…
Trama
Cuál será la trama de la lluvia… Más allá del hidrógeno, más acá del oxígeno; más cerca del viento, más lejos del clima… Cuál será la trama de la lluvia si vos estás un poco lejos, tirado en tu cama, triste, pensando en melancolías. Cuál será la trama que nos une, si yo estoy acá, sola, pensando en vos, sintiendo la misma nostalgia… A pesar del agua, hay fiesta en la calle, la inclemencia los une bajo una misma euforia, que no es poca, es una exaltación mundial… Gritos, bombas y bocinas; media docena de goles… Un país derrama sus instintos guerreros cuando una pelota invade el terreno ajeno. Once son nuestros caballeros en la cancha alemana, once nuestros enemigos temporales: “Serbia y Monte Negro”, dos núcleos de un mismo sujeto unidos por un nexo coordinante que tiembla en la grieta entre dos naciones soldadas a la fuerza… Y afuera llovizna mientras me llegan los murmullos de vamos, vamos Argentina… Y cuál es la trama que une todo esto… Y la lluvia nos separa, y estamos lejos, muy lejos, naufragando a una cuadra de distancia…
Tango reptil
La mujer embarazada se me acercó, dijo que me veía sola, que me prestaba su pareja. La panza tenía demasiada plastilina y le pesaba, la noté cansada. Acepté ilusionada. Era la primera vez que bailaba tango con un lagarto. Reptamos.
(Ofidia)
Perpetuación
Maia no sabe si tendrá hijos, pero sí que tiene un caudal de cosquillas que engendrarán nietos. A veces siente que su espíritu es anciano, otras que adolece.
¿Su descendencia será sanguínea o adoptada?, no tiene importancia, se dirige a ellos, para que la mantengan vivah. Dice que quiere renacer con los niethos y ofrecerles a cambio sus letras, sus turas. Mientras, cultiva sueños de anaconda.
Noche
Noche anfibia, te abrazan los últimos rayos de Apolo en despedida etérea. Noche eterna, se aproxima la hora del ritual irremediable, otro sacrificio sobre tus piras quemadas. Noche asesina, matarás veinticuatro horas más de nuestras efímeras vidas. Noche enardecida, te escoltaremos con adornos, y todo el artificio de velas y luz eléctrica. Noche cautivante, la luna se agacha cuando pasas iracunda. Noche profana, devuélvenos los trenes que apagaste, sólo quedan sus señales y durmientes enterradas. Noche tirana, te quemará sobre su altar la mañana, y algunos recibirán su ofrenda, renovarán sus horas, tal vez te vean aún, antes de ir donde los trenes se marchan.
(Yolanda)
Trampa de Mamushkas
La Tica respondió al llamado, sólo sintió que la llamaban y avanzó. El pasillo interminable de baldosas desparejas se convertía en un túnel de macetas gigantes con flores rojas, pequeñitas, cargadas de sombras y humedad en los colores. Primero alcanzó la ventana y distinguió las sombras que se movían impacientes en el interior. El pecho le dio un vuelco, el corazón era un globo apretado en las manos de un niño a punto de estallar. “Pero esta ventana es otra, el marco parece cambiado, no era verde, está más viejo, parece de casita de piedra en los Pirineos”. Pero no, lo que hay adentro y la atrae indefectiblemente como un imán le indica que es el lugar correcto. La puerta está a un paso aunque tarda una eternidad en llegar hasta ella. No puede, no tiene el valor de tocar, parece que en cualquier momento va a salir a correr espantada. Su pecho se infla y se desinfla como si fuera el de un toro moribundo en la corrida, la madera de la puerta comienza a respirar con la misma agitación, caen pedazos de pintura verde. Se acelera. Se abre.
Es él, con una sonrisa tan cálida que resulta inverosímil. La Tica siente que una desconfianza terrible la invade, sospecha que es una trampa. Él la abraza y ella se derrite en sus brazos pero enseguida se da cuenta y dice ¡no!, esto no es verdad. Él la vuelve a abrazar y ella vuelve a sentir todo ese amor y toda esa felicidad, no puede creer que se estén cumpliendo sus deseos, es él, se arrepintió, se quiere disculpar, me quiere en su sueño… ¡No! esto no es real, imposible. Se esfuerza por salir corriendo y no vivir la farsa pero hay una fuerza que la domina como a una marioneta, se siente atrapada en un envase que se mueve dominado por una fuerza extraña, ¡pero si no soy de plastilina!
La Tica de afuera sonríe y abraza, su envase está feliz… La Tica de adentro quiere salir corriendo y no puede, hay trampa de Mamushkas, un narrador omnisciente controla sus actos, no puede escapar de la historia que presagia. Teme volver a vivir lo mismo dos veces: tanta felicidad primero, después este dolor y la ausencia, el abandono… Arrojada a su destino recibe a los padres de él que están en la cocina esperando con abrazos y lágrimas de emoción, la aprietan y acarician como si hubiera regresado de la muerte. Hay una paradoja, por qué la aterra tanto amor, cuál es el problema. Se desespera, no comprende su espanto, ni toda esa ternura que siente y al mismo tiempo el dolor y la felicidad y la angustia. Se siente en la fisura donde caen y chocan todos los antagonismos.
¿Por qué piensa en estas cosas tan complicadas, si sólo son abrazos? La Tica quiere huir, pero no puede, en su esfuerzo por liberarse hace que la historia retroceda unos momentos y la escena se vuelva a repetir: él la recibe, la abraza, ella feliz-infeliz-aterrada-enamorada, los padres la adoran, la abrazan y ella los quiere para ella y a la vez quiere salir corriendo. Y en el intento otra vez la cinta retrocede y se vuelve a abrir la puerta y ella en la trampa… Bis, bis, ¡bis!.
La Tica se despierta llorando, abrazada muy fuerte a la almohada, no la quiere soltar, pues todavía no decidió si fue un sueño hermoso o una pesadilla. Aún siente los abrazos tibios en su piel y a la vez todo ese frío, ese vacío. Increíble, pero todas sus Mamushkas sincronizan para sentir lo mismo y lloran a coro mientras se desangra la herida en el desgarro de esos abrazos.
Ecos pinchados
Con una vara perforás la tierra, y lamés su sangre como un vampiro… (Y nos relamemos). Y nos tiramos panza arriba a esperar el temblor que un día llega… (Y nos dejamos sacudir…). Y te disparás por los aires… (Es la danza de la tierra…). Ella nos convulsiona hasta el río inexorable de pensamientos… (Hay especulaciones que nos impelen hasta ver a los dioses famélicos en el páramo…)
Profanamos la intimidad de la montaña sagrada, la oración del viento, el declive ínfimo del tiempo… (Se oye un quebranto…)
Encarnaste tantos sueños en frases disipadas, las degradaste a contornos vacíos, agotados, perforados… (Igual nos relamemos…). La aleación de la lluvia en el sudor de tu pecho, y la vara se rompe… (Gozamos…)
Provocamos el temblor de la tierra exangüe. Un rocío helado en mi espalda… (Me estremezco…). Y ellos, con sus dioses disecados en el páramo, no logran persuadir estos ecos pinchados… (Y seguimos flotando…)
(Olivia)
La pluma
La nona s’aproche;
meu little niña, vôce nâo sos una pluma, dixit.
Mas ío no puedo, nona, nâo posso avoid it.
Soy what I am. Je pense que no puedo cambiarlo.
I’ve tried. Frené. Corrí. Busqué. Encontré. Perdí. Gané.
Frené. É-té-cé.
Como todo mundo sabe. Io sonno assim. Comme ça.
Soy la pluma, nona, i’m sorry. Quantas desilusões.
Es verdad, o silêncio é uma tortura, ce pour ça que je m’envole,
if you want, ven, eu t’emmene au vent.
Sonno, seu, soy, je suis tu pluma. Envolez-moi.
(La Tica)
Otra noche
Noche de Baco. También Diónisus vino. Momo llegó tarde, demasiado tarde, cuando él llegó, nos fuimos. El piso estaba frío. El corazón tibio. Los ojos secos. La pasión quedaba lejos. Contemplé un verso triste envolviendo su cuerpo. Oh la-lá, María, no esperamos la hora de tus elegías. Era demasiado tarde…
(Yolanda)
Ganas de creer
Y sigo aguantando hasta la próxima primavera, porque vendrán otras sequías también; así es la vida, pero la queremos tanto que le perdonamos todo. Así es el amor, imaginativo, mentiroso, pero dan ganas de creerle siempre, de reconciliarnos cada vez. Creer en el amor es tener todavía mucho valor. Pero ahora estamos en sequía. Sólo queda pelearle al quebranto con sonrisas, aguantar en la sequía con colores, hacer el esfuerzo con ayuda de unos abrazos, buscar nutrientes sustitutos, bailar la danza de la lluvia, encontrar las proteínas en las amarguras, cantar que querer tanto no fue el pecado, y recordar que en la memoria queda el verde. A pesar del quebranto.
(Ofidia)
Epitafio de la infancia
Patatuf, patatero, a la hija del chocolatero. Estaba la reina batata hasta que un día estiró la pata.
(Tinina)
Infortunio
Olivia tiene insomnio, se desespera junto al cuerpo que duerme a su lado. Lo mira. Su piel parece muerta, su olfato no funciona, él no entiende eso de las temperaturas ni de las variaciones de PH ni de las oleadas de sensaciones ni de los terremotos en los poros ni de lenguajes de miradas, no conoce la noción de ritmo ni de intensidad ni de respiraciones ni de corazones ni de pies que se acalambran ni de espaldas clitorizadas ni de ronroneos ni de lenguas suaves sobre pulpas turgentes, nada de eso. Y huele a madriguera. Olivia quiere salir corriendo, las puertas están cerradas.
La nada
Angel Silesio, en la Edad Media, escribió:
“Dios es una pura Nada; no le afecta ningún aquí ni ahora; / cuanto más tratas de apresarle, tanto más se te escapa…”
Tratar de entender la Nada, es como ser un pez que salta fuera del río, intentando descubrir qué hay atravesando la superficie de ese mundo líquido…
Estamos atrapados en las aguas de nuestra mente, salir de este océano podría acabar con nosotros mismos… La libertad es utópica, aunque nuestra razón es elástica, los límites esenciales parecen estar hechos para no ser traspasados… Porque nosotros hemos podido inventar un tubo de oxígeno para respirar dentro del agua, pero los peces, ¿podrían hacerlo para respirar fuera de ella? No lo creo, todavía no han aprendido a desengañarse de un estúpido señuelo…
(Maia)